jueves, 3 de abril de 2008

Yo y el loco del volante



Yo y el loco del volante

Triste día que alboraste,
que mi vida destrozaste,
que a mi padre viste muerto,
me auguraste destino incierto.

Mi madre me contó
cuando yo aún era infante
que a mi padre lo mató
un loco del volante.

Y sola, desamparada,
en el mundo desolada

en sus brazos me iba cargando
y el pan iba implorando.

Mi madre me prometía
que nunca me dejaría.
Hasta que llegó el día aquel,
aquel amargo día
que, para hacer un pastel,
mi madre a comprar salió
y fue entonces que la mató,
rápido, en un instante.
Fue el loco del volante.

Sólo ya y sin más amparo
decidí en un día claro
que defendería mi vida
trabajando por un poco de comida.

Fui muy hábil con las manos,
me gané muchos hermanos,
prosperé en un negocio
que empecé como simple socio.

Hasta que un día, errante,
caminaba distraído
y escuché como un silbido,
era el loco del volante.

Me hice a un lado del camino
esquivando al asesino,
pero tarde lo había notado
y entonces fui arrollado.

La ambulancia va de prisa
y en mi cuerpo que agoniza
mi mente se está preguntando:
"¿Qué es lo que está pasando?".

Triste día que alboraste,
que mi vida destrozaste,
con un nudo muy tirante
me ataste al loco del volante.

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